Por
la noche y por la mañana uníos con vuestros hijos en el culto a Dios,
leyendo su Palabra y cantando sus alabanzas. Enseñadles a repetir la ley
de Dios.—El Evangelismo, 364 (1904).
Sean
cortas y animadas las reuniones del culto familiar. No permitáis que
vuestros hijos o cualquier otro miembro de la familia les tengan miedo
por ser tediosos o faltos de interés. Cuando se lee un capítulo largo y
se lo explica y se eleva una larga oración, este precioso servicio se
hace cansador y es un alivio cuando termina [...].
Elija
el padre una porción de las Escrituras que sea interesante y fácil de
entender; serán suficientes unos pocos versículos para dar una lección
que pueda ser estudiada y practicada durante el día. Se pueden hacer
algunas preguntas. Pueden presentarse a manera de ilustración unas
pocas, serias e interesantes observaciones, cortas y al punto. Por lo
menos debieran cantarse unas pocas estrofas de un himno animado, y la
oración que se eleve debe ser corta y al punto. El que dirige en oración
no debiera orar por todas las cosas, sino que debiera expresar sus
necesidades con palabras sencillas y su alabanza a Dios con gratitud.—Conducción del Niño, 493-494 (1884).
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