El martes 24 de febrero de 2026, Donald Trump compareció ante el Congreso durante su discurso sobre el Estado de la Unión y celebró lo que describió como el "tremendo" avance del cristianismo en Estados Unidos. Declaró que ama la religión y que le encanta "recuperarla". Esta no fue una declaración aislada. A lo largo de su administración, ha definido consistentemente su presidencia como la restauración del cristianismo en el centro de la vida pública estadounidense, repitiendo este tema en importantes discursos, anuncios políticos y eventos nacionales.
Ahora, con los planes para un gran encuentro religioso en el National Mall de Washington, D.C., el domingo 17 de mayo de 2026 —como parte de las celebraciones del 250.º aniversario que culminan el 4 de julio—, la conversación pasa de las palabras a los hechos. Un llamado a la oración, el culto, los himnos y una "rededicación" de Estados Unidos como una sola nación bajo Dios, patrocinado por el estado, une el patriotismo y las observancias religiosas en un solo evento nacional.
Proféticamente hablando, la historia nos advierte que cuando el poder del Estado empieza a defender la religión, es así como los gobiernos empiezan a apoyarla. Lo que comienza como una celebración nacional puede convertirse en un poderoso respaldo a la unidad en el culto dominical.














