Pero un chasco más les estaba reservado. El tiempo de espera pasó y su Salvador no apareció. Con confianza inquebrantable habían esperado su venida, y ahora sentían lo que María cuando, al ir al sepulcro del Salvador y encontrarlo vacío, exclamó con llanto: “Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. Juan 20:13...
Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
martes, 3 de marzo de 2026
Desilusionados, pero con fe en la inconmovible palabra de Dios
El
mundo había estado observando y suponía que, si el tiempo pasaba y
Cristo no venía, todo el sistema adventista sería abandonado. Pero
aunque muchos, al ser muy tentados, abandonaron su fe, hubo algunos que
permanecieron firmes. Los frutos del movimiento adventista -el espíritu
de humildad y el examen del corazón, el renunciamiento al mundo y la
reforma de la vida-, que habían acompañado la obra, atestiguaban que era
de Dios. No se atrevían a negar que el poder del Espíritu Santo había
acompañado la predicación de la segunda venida, y no podían detectar
error alguno en el cómputo de los períodos proféticos. Los más hábiles
de sus oponentes no habían tenido éxito en echar por tierra su sistema
de interpretación profética. Sin evidencias bíblicas no podían consentir
en abandonar posiciones que habían sido alcanzadas merced al estudio
ferviente y con oración de las Escrituras, por medio de mentes
iluminadas por el Espíritu de Dios y corazones en los cuales ardía el
poder vivificante de éste; posiciones que habían resistido las críticas
más agudas y la oposición más violenta por parte de los maestros
religiosos populares y los sabios mundanos, y que habían permanecido
firmes ante las fuerzas combinadas del saber y la elocuencia, y ante las
burlas y los ultrajes tanto de los hombres de reputación como de los
más viles.
En verdad, había habido un error en el evento esperado, pero ni aun eso pudo conmover su fe en la Palabra de Dios...
Dios
no olvidó a su pueblo; su Espíritu aún permaneció con quienes no
negaron irreflexivamente la luz que habían recibido ni reprobaron al
movimiento adventista. En la Epístola a los Hebreos hay palabras de
aliento y advertencia para los que aguardaban y fueron probados en esa
crisis: “No perdáis, pues, vuestra
confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la
paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la
promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no
tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi
alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino
de los que tienen fe para preservación del alma”. Hebreos 10:35-39.
Que
esta admonición va dirigida a la iglesia en los últimos días se echa de
ver por las palabras que indican lo cercano de la venida del Señor:
“Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”. Y
este pasaje implica claramente que habría una aparente demora, y que el
Señor parecería tardar. La instrucción dada aquí se aplica especialmente
a la experiencia de los adventistas en ese entonces. La gente aquí
aludida estaba en peligro de hacer naufragar su fe. Habían hecho la
voluntad de Dios al seguir la dirección de su Espíritu y de su Palabra;
pero no podían comprender los designios que había tenido en lo que
habían experimentado ni podían discernir el sendero que estaba ante
ellos, y estaban tentados a dudar de si en realidad Dios los había
guiado. Entonces era cuando se aplicaban las palabras: “El justo vivirá
por fe”. Mientras la luz brillante del “clamor de medianoche” había
alumbrado su sendero, y habían visto abrirse el sello de las profecías y
cumplirse con rapidez las señales que anunciaban la proximidad de la
venida de Cristo, en cierto sentido habían andado por vista. Pero ahora,
abatidos por esperanzas defraudadas, sólo podían sostenerse por la fe
en Dios y en su Palabra. El mundo ridiculizador les decía: “Han sido
engañados. Abandonen su fe, y digan que el movimiento adventista era de
Satanás”. Pero la Palabra de Dios declaraba: “Si alguno se retirare, no
se complacerá mi alma en él”. Renunciar entonces a su fe, y negar el
poder del Espíritu Santo que había acompañado al mensaje, habría
equivalido a retroceder camino de la perdición. Estas palabras de Pablo
los alentaron a permanecer firmes: “No perdáis, pues, vuestra
confianza”; “os es necesaria la paciencia”, “porque aún un poquito, y el
que ha de venir vendrá, y no tardará”. El único proceder seguro para
ellos consistía en apreciar la luz que ya habían recibido de Dios,
atenerse firmemente a sus promesas, seguir escudriñando las Escrituras, y esperar con paciencia y velar para recibir mayor luz.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 442-460.
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