Las reuniones deben ser
espiritualizadas
A fin de hacer la voluntad de
Dios, tenemos que escudriñar su Palabra, para conocer su doctrina, y empeñar en
ello toda la capacidad que nos ha sido confiada. Tenemos que ser diligentes en
la oración, y fervientes en el servicio sencillo y sincero para Dios. Los que
están ocupados como maestros en la escuela sabática deberían tener hambre y sed
de la verdad divina, a fin de poder impartir el mismo
espíritu a los que están bajo su cuidado, e inducir a sus alumnos a buscar la
verdad como un tesoro escondido. No queremos que nuestras escuelas sabáticas
sean dirigidas de una manera que haga hipócritas a los alumnos; porque los tales
no pueden fomentar los intereses de la verdadera religión. Dedíquese, pues, más
atención a buscar a Dios, para que el Espíritu del Señor esté en vuestra
escuela, que a procurar tener toda la organización mecánica deseable. Las
pretensiones jactanciosas de cualquier clase no convienen en la obra de la
escuela sabática, y el funcionamiento mecánico de la escuela es de poco valor si
el Espíritu de Dios no enternece y amolda el corazón de los maestros y alumnos.
TES 83