Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Romanos 12:3.
La aceptación de la verdad es uno de los medios que Dios utiliza para santificar. Cuanto más claramente la entendamos, y más fieles seamos en obedecerla, más humildes seremos en la estima propia. En consecuencia, más exaltado será el concepto que tendrá de nosotros el universo celestial.
Cuanto menos egoístas sean nuestros esfuerzos en favor de Dios, seremos más semejantes a Cristo, y, como consecuencia, mayor será nuestra influencia para el bien.
Hay una diferencia abismal entre el espíritu del mundo y el de Cristo. Uno conduce al egoísmo, que se afana por los tesoros que serán destruidos por el fuego en el día final, y el otro conduce al renunciamiento propio y a la abnegación para obtener los tesoros imperecederos. Cuando es recibido por la fe, el Espíritu Santo quebranta los corazones contumaces. Esta es la
esencia del poder santificador de la verdad, la fuente de la fe que obra por amor y purifica el corazón. Toda verdadera exaltación nace de la humillación desarrollada en la vida de Cristo, y demostrada en el maravilloso sacrificio que realizó para salvar a los que perecen. El que es exaltado por Dios, primero se ha humillado a sí mismo. El Padre ensalzó a Cristo por sobre todo otro nombre, y sin embargo, al simpatizar con la raza caída, primero descendió a las profundidades de la miseria humana a fin de compartir su suerte con mansedumbre y bondad. De este modo, estableció el
ejemplo que deben seguir todos los que desean participar en su servicio.
“Aprended de mí—dijo el mayor de los Maestros que haya conocido el mundo—, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29. No es suficiente leer la Palabra de Dios. Nos fue dada para nuestra instrucción; por eso debemos investigarla con diligencia y cuidado. Hay que estudiarla comparando un texto con otro. Ella es la clave para su propia interpretación. Mientras la estudiemos y oremos, junto a nosotros estará el divino Maestro, el Espíritu Santo, para iluminar nuestra comprensión a fin de que podamos entender las grandes verdades de la Palabra de Dios.—Pacific Union Recorder, 23 de febrero de 1905.
Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
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