Se me llamó la atención a la parábola del hijo pródigo. Pidió a su padre que le diera su porción de la herencia. Deseaba separar sus intereses de los de su padre y manejar su parte según su propia inclinación. El padre aceptó esta petición, y el hijo, egoístamente, se apartó de él, a fin de no sentirse molesto con sus consejos y reproches.
Pensaba que sería muy feliz cuando pudiera emplear su parte de la herencia de acuerdo con su propio placer, sin sentirse coartado por las advertencias o las restricciones. No deseaba sentir la molestia de la obligación mutua. Si compartía la propiedad con su padre, éste tenía derecho sobre él como hijo. Pero no sentía obligación alguna hacia su generoso progenitor, y fortaleció su espíritu rebelde y egoísta con la idea de que le pertenecía una parte de la propiedad del autor de sus días. Exigió esa parte cuando en justicia no podía pedir nada ni debiera haber recibido nada. Después que el egoísta hubo recibido el tesoro del cual era tan indigno, se alejó como si hasta quisiera olvidarse de que tenía padre. Despreció la restricción y se decidió plenamente a obtener el placer del modo y la manera que mejor le pareciese. Después de haber gastado en sus complacencias pecaminosas todo lo que su padre le diera, se produjo una hambruna en el país, y se sintió atenaceado por la necesidad. Entonces comenzó a lamentarse por su conducta pecaminosa y sus placeres extravagantes, porque se encontraba desprovisto de todo y necesitaba los medios que había dilapidado. Se vió obligado a descender de su vida de satisfacciones pecaminosas al oficio degradante de porquerizo. Después de haber caído hasta el fondo, pensó en la amabilidad y bondad paternas. Entonces sintió la necesidad de un padre. Por su propia culpa se encontraba sin amigos y sufriendo privaciones. Su desobediencia y pecado habían dado como consecuencia que se encontrara ahora separado de su progenitor. Pensó en los privilegios y bondades que los jornaleros de éste gozaban libremente, mientras él, que se había alejado de la casa de su padre, perecía de hambre. Humillado por la adversidad, decidió volver a él y confesar humildemente su falta. Era un pordiosero que carecía de ropas confortables o aun decentes. Estaba arruinado por causa de las privaciones y enflaquecido por el hambre.Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
jueves, 7 de septiembre de 2023
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