
“Si nuestro país repudia cada principio de su Constitución como gobierno protestante y republicano, y provee para la propagación de falsedades y engaños papales, entonces sabremos que ha llegado el tiempo de la maravillosa obra de Satanás y que el fin está cerca” (Testimonios, Vol. 5, pág. 451).
En un mensaje fechado el 9 de abril de 2026, dirigido a la Academia Pontificia de Ciencias Sociales durante su sesión plenaria titulada «Los usos del poder: legitimidad, democracia y reescritura del orden internacional», el Papa León XIII expuso su visión sobre cómo la democracia, el orden mundial y la autoridad legítima deben fundamentarse en la doctrina social católica y la búsqueda del bien común. Hizo hincapié en la necesidad de la virtud moral en la vida pública y de una toma de decisiones políticas acertada, pero recalcó que estas deben reflejar la comprensión de la Iglesia sobre asuntos tan cruciales.
En la teología católica, el «bien común» busca proteger el bienestar colectivo de toda la comunidad por encima de las libertades individuales de las minorías. Este principio exige leyes y políticas que beneficien a toda la sociedad, incluso cuando entren en conflicto con la conciencia personal e individual, especialmente en asuntos religiosos.
Esta visión católica contradice principios constitucionales estadounidenses fundamentales. La Constitución de los Estados Unidos, en particular la Primera Enmienda, fue diseñada para proteger a todos los individuos, especialmente a las minorías, de la coerción gubernamental en materia de libertad de expresión, creencias, culto y conciencia.
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