martes, 9 de junio de 2026

El Papa León llevó el “Jesús Eucarístico” del domingo e intentó crucificarlo una y otra vez.

 

«Por la cual somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre. Todo sacerdote se presenta diariamente para ministrar y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero este, después de haber ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que son santificados.» Hebreos 10:11-14.

La Palabra de Dios es muy clara respecto al sacrificio de Cristo por nosotros. Se ofreció una sola vez por nuestros pecados, para no repetirlo jamás. Pocas enseñanzas cuestionan tan directamente la muerte de Cristo en la cruz como la afirmación de Roma de que la Misa es una continuación de su sacrificio en el Calvario. La Hostia Eucarística también es venerada como Jesucristo mismo.

Sin embargo, las Escrituras enseñan que la muerte de Cristo fue ofrecida una sola vez para siempre, perfecta, completa y definitiva. También enseñan que Cristo ministra por nosotros en el cielo y no se convierte en la hostia literal que se usa en la Misa. Esta ceremonia, junto con el culto dominical, es antibíblica, deshonra a Cristo y menoscaba la obra que realizó por nosotros en el Calvario.

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