Los comienzos del siglo XVI coinciden con “el período heroico de la historia de España, el período de la victoria final sobre los moros y de la romántica conquista de un nuevo mundo, período en que el entusiasmo religioso y militar elevó el carácter nacional de un modo extraordinario. Tanto en la guerra como en la diplomacia y en el arte de gobernar, se reconocía y temía la preeminencia de los españoles”. A fines del siglo XV, Colón había descubierto y reunido a la corona de España “territorios dilatadísimos y fabulosamente ricos”. En los primeros años del siglo XVI fue cuando el primer europeo vio el Océano Pacífico; y mientras se colocaba en Aquisgrán la corona de Carlomagno y Barbarroja sobre la cabeza de Carlos Quinto, “Magallanes llevaba a cabo el gran viaje que había de tener por resultado la circunnavegación del globo, y Cortés hallábase empeñado en la ardua conquista de México”. Veinte años después “Pizarro había llevado a feliz término la conquista del Perú” (Encyclopaedia Britannica, novena ed., art. “Carlos Quinto”). Carlos Quinto ascendió al trono como soberano de España y Nápoles, de los Países Bajos, de Alemania y Austria “en tiempo en que Alemania se encontraba en un estado de agitación sin precedente” (The New International Encyclopaedia, art. “Carlos Quinto”). Con la invención de la imprenta se difundió la Biblia por los hogares del pueblo, y como muchos aprendieran a leer para sí la Palabra de Dios, la luz de la verdad disipó las tinieblas de la superstición como por obra de una nueva revelación. Era evidente que había habido un alejamiento de las enseñanzas de los fundadores de la iglesia primitiva, tal cual se hallaban relatadas en el Nuevo Testamento (Motley, Histoire de la fondation de la République des Provinces Unies, Introducción, XII). Entre las órdenes monásticas “la vida conventual habíase corrompido al extremo de que los monjes más virtuosos no podían ya soportarla” (Kurtz, Kirchengeschichte, sec. 125). Otras muchas personas relacionadas con la iglesia se asemejaban muy poco a Jesús y a sus apóstoles. Los católicos sinceros, que amaban y honraban la antigua religión, se horrorizaban ante el espectáculo que se les ofrecía por doquiera. Entre todas las clases sociales se notaba “una viva percepción de las corrupciones” que se habían introducido en la iglesia, y “un profundo y general anhelo por la reforma” (ibíd., sec. 122). “Deseosos de respirar un ambiente más sano, surgieron por todas partes evangelistas inspirados por una doctrina más pura” (ibíd., sec. 125). Muchos católicos cristianos, nobles y serios, entre los que se contaban no pocos del clero español e italiano, se unieron a dicho movimiento, que rápidamente iba extendiéndose por Alemania y Francia. Como lo declaró el sabio arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza, en sus Comentarios del Catecismo, aquellos piadosos prelados querían ver “revivir en su sencillez y pureza el antiguo espíritu de nuestros antepasados y de la iglesia primitiva” (Bartolomé Carranza y Miranda, Comentarios sobre el catecismo cristiano, Amberes, 1558, 233; citado por Kurtz, sec. 139). El clero de España era competente para tomar parte directiva en este retorno al cristianismo primitivo. Siempre amante de la libertad, el pueblo español durante los primeros siglos de la era cristiana se había negado resueltamente a reconocer la supremacía de los obispos de Roma; y solo después de transcurridos ocho siglos le reconocieron al fin a Roma el derecho de entremeterse con autoridad en sus asuntos internos. Fue precisamente con el fin de aniquilar ese espíritu de libertad, característico del pueblo español hasta en los siglos posteriores en que había reconocido ya la supremacía papal, con el que, en 1483, Fernando e Isabel, en hora fatal para España, permitieron el establecimiento de la Inquisición como tribunal permanente en Castilla y su restablecimiento en Aragón, con Tomás de Torquemada como inquisidor general.
Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
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