
El 7 de enero de 2026, el Papa León XIV se dirigió a los peregrinos durante una Audiencia General en el Vaticano, aprovechando la ocasión para reflexionar sobre el legado y la vigencia del Concilio Vaticano II. En sus palabras, el pontífice enfatizó una visión para la Iglesia Católica Romana que prioriza el ecumenismo, el diálogo interreligioso y la fraternidad como los principales medios para conectar con el mundo moderno.
Según las declaraciones del Papa, la misión de la Iglesia hoy debe centrarse más en la búsqueda de la unidad, entre las denominaciones cristianas, las religiones no cristianas e incluso las instituciones políticas y seculares. Este enfoque, desafió, debe fundamentarse en lo que describió como las "ricas tradiciones" de la Iglesia Católica, que se presentan como una base unificadora para abordar los desafíos globales contemporáneos.
El discurso reafirmó la misión articulada inicialmente en el Concilio Vaticano II, revelando que Roma sigue considerando la cooperación ecuménica como la única vía para promover la paz y la unidad a nivel mundial. Apocalipsis 13 y 17 han enseñado desde hace tiempo que una autoridad religiosa global definitiva lograría unir a los pueblos y naciones del mundo. La profecía indica que esta unidad emergente no se basará en la verdad bíblica, sino que estará determinada por una amplia oposición colectiva a la ley de Dios y a su obra redentora.
Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa León expresó lo siguiente:
• “ El Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios… nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la modernidad en el diálogo y la corresponsabilidad, como Iglesia que quiere abrir los brazos a la humanidad, hacerse eco de las esperanzas y de las angustias de los pueblos, y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y fraterna .” [1]
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