Las casas de culto
Vi
que muchos de aquellos a quienes Dios ha confiado recursos, se sienten
libres para usarlos liberalmente según su propia conveniencia y
acomodarse hogares placenteros en esta tierra; pero cuando edifican una
casa en la cual se ha de adorar al gran Dios que habita en la eternidad,
no pueden permitirle que use los recursos que él les prestó. No
rivalizan los miembros en demostrar su gratitud a Dios por la verdad,
haciendo todo lo que pueden para preparar un lugar de culto apropiado;
por el contrario, algunos tratan de hacer lo menos posible. Les parece
que lo que gastan en la preparación de un lugar donde puedan recibir la
visita del Altísimo se ha de contar como pérdida. Tal ofrenda es coja, e
inaceptable para Dios. Vi que le agradaría mucho más a Dios si sus
hijos manifestasen tanta sabiduría al prepararle una casa como la que
manifiestan al construir sus propias moradas.
Los
sacrificios y las ofrendas de los hijos de Israel debían ser sin mácula
ni defecto, lo mejor de los rebaños; y se requería que cada uno
participase en esta obra. La obra de Dios para este tiempo será extensa.
Si edificáis una casa para el Señor, no le ofendáis ni le pongáis
limitaciones dedicándole vuestras ofrendas cojas. Poned en la casa
edificada para Dios la mejor ofrenda. Sea ella lo mejor de lo mejor que
poseéis. Manifestad interés en hacerla conveniente y cómoda. Algunos
piensan que esto no tiene importancia porque el tiempo es muy corto.
Entonces aplicad la misma regla a vuestras propias moradas, y a todos
vuestros arreglos mundanales.
Vi
que Dios podría llevar a cabo su obra sin ayuda de ningún hombre; pero
tal no es su plan. El mundo actual está destinado a ser un escenario de
prueba para el hombre. Este
debe formar aquí un carácter que le acompañará en el mundo eterno.
Delante de él se halla el bien y el mal, y su estado futuro depende de
la elección que haga. Cristo vino para cambiar la corriente de sus
pensamientos y afectos. Su corazón debe ser apartado de su tesoro
terrenal, y fijado en el celestial. Por su abnegación, Dios será
glorificado. El gran sacrificio ha sido hecho para el hombre. Ahora se
lo prueba a él para ver si sigue el ejemplo de Cristo y se sacrifica por
sus semejantes.
Satanás
y sus ángeles están coligados contra el pueblo de Dios, pero Jesús
trata de purificarlo para sí. El exige que sus hijos hagan prosperar su
obra. Dios les ha confiado en este mundo lo suficiente para llevar a
cabo su obra sin trabas, y él quiere que usen juiciosamente los recursos
que les ha confiado. “Vended lo que poseéis, y dad limosna” (Lucas 12:33),
es parte de la sagrada Palabra de Dios. Los siervos de Dios deben
levantarse, clamar y no escatimar esfuerzos para declarar “a mi pueblo
su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.” Isaías 58:1.
La obra de Dios se ha de extender. Si su pueblo sigue su consejo, no
conservará muchos recursos que serán consumidos en la conflagración
final. Se habrá hecho tesoros donde la polilla y el orín no pueden
corromper, y no habrá vínculo que lo ligue a esta tierra.
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