Cada
uno es mayordomo de Dios. A cada uno confió el Maestro sus recursos;
pero el hombre afirma que estos recursos son suyos. Cristo dice:
“Negociad entre tanto que vengo.” Lucas 19:13.
Está acercándose el tiempo en que Cristo requerirá lo suyo con interés.
El dirá a cada uno de sus mayordomos: “Da cuenta de tu mayordomía.” Los
que han ocultado el dinero de su señor en un pañuelo, enterrándolo en
la tierra, en vez de confiarlo a los banqueros, y los que han
despilfarrado el dinero de su Señor gastándolo en cosas innecesarias en
vez de ponerlo a interés invirtiéndolo en su causa, no recibirán la
aprobación del Maestro, sino una condenación decidida. El siervo inútil
de la parábola le presentó el talento a Dios y dijo: “Te conocía que
eres hombre duro, que siegas
donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y tuve miedo, y fuí,
y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.” Mateo 25:24, 25.
Su Señor toma nota de sus palabras y declara: “Malo y negligente
siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;
por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo,
hubiera recibido lo que es mío con usura.” Vers. 26, 27.
Este
siervo inútil no ignoraba los planes de Dios, pero se propuso
firmemente estorbar el propósito de Dios, y luego le acusó de injusticia
al exigir el rédito de los talentos que se le habían confiado. Esta
misma queja y murmuración la formula una clase numerosa de hombres
pudientes que profesan creer la verdad. Como el siervo infiel, temen que
se les exija el interés del talento que Dios les prestó, para adelantar
la difusión de la verdad; por lo tanto, lo inmovilizan invirtiéndolo en
tesoros terrenales y sepultándolo en el mundo, y lo aseguran de tal
manera que no tienen nada o casi nada para invertir en la causa de Dios.
Lo han enterrado, temiendo que Dios exigiese parte del capital o del
interés. Cuando, al exigírsela su Señor, traen la cantidad que les fué
dada, aducen ingratas excusas por no haber confiado a los banqueros e
invertido en la causa de Dios, para ejecutar su obra, los recursos que
el Señor les había prestado.
El
que desfalca los bienes de su Señor no sólo pierde el talento que Dios
le prestó, sino también la vida eterna. De él se dice: “Al siervo inútil
echadle en las tinieblas de afuera.” Vers. 30.
El siervo fiel, que invierte su dinero en la causa de Dios para salvar
almas, emplea sus recursos para gloria de Dios y recibirá el elogio del
Maestro: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré: entra en el gozo de tu Señor.” Vers. 21.
¿Cuál será el gozo de nuestro Señor? Será el gozo de ver almas salvadas
en el reino de gloria. “El cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió
la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono
de Dios.” Hebreos 12:2.
La
idea de que son administradores debe tener una influencia práctica
sobre todos los hijos de Dios. La parábola de los talentos, debidamente
comprendida, desterrará la avaricia, a la que Dios llama idolatría. La
benevolencia práctica dará vida espiritual a millares de los que
nominalmente profesan la verdad, pero que actualmente lamentan las
tinieblas que los circundan. Los transformará de egoístas y codiciosos
adoradores de Mammón, en fervientes y fieles colaboradores de Cristo en
la salvación de los pecadores.