¿Quién puede comprender el amor manifestado aquí? La hueste angélica contempló con admiración y pesar a Aquel que había sido la majestad del cielo y que había llevado la corona de gloria, y ahora soportaba la corona de espinas, víctima sangrante de la ira de una turba enfurecida, inflamada de insana locura por la ira de Satanás. ¡Contemplemos al paciente y dolorido! Las espinas coronan su cabeza. Su sangre fluye de las venas laceradas. ¡Y todo por causa del pecado! Nada podría haber inducido a Cristo a dejar su honor y majestad celestiales, y venir a un mundo pecaminoso para ser olvidado, despreciado y rechazado por aquellos a quienes había venido a salvar, y finalmente, para sufrir en la cruz, sino el amor eterno y redentor que siempre será un misterio.
¡Admiraos, oh cielos, y asómbrate, oh tierra! ¡He aquí al opresor y al Oprimido! Una vasta multitud rodea al Salvador del mundo. Las burlas y los escarnios se mezclan con maldiciones y blasfemias. Los miserables sin sentimientos comentan su humilde nacimiento y vida. Los príncipes de los sacerdotes y ancianos ridiculizan su aserto de que es el Hijo de Dios, y las bromas vulgares y el ridículo insultante vuelan de un labio a otro. Satanás ejercía pleno dominio sobre las mentes de sus siervos. A fin de lograr esto eficazmente, comenzó con los príncipes de los sacerdotes y ancianos, y les infundió frenesí religioso. Movía a estos últimos el mismo espíritu satánico que agitaba a los más viles y endurecidos miserables. Prevalecía una armonía corrompida en los sentimientos de todos, desde los sacerdotes y ancianos hipócritas hasta los más degradados. Sobre los hombros de Cristo, el precioso Hijo de Dios, se puso la cruz. Cada paso de Jesús quedaba marcado por la sangre que fluía de sus heridas. Rodeado por una inmensa muchedumbre de acerbos enemigos y espectadores insensibles, se lo condujo a la crucifixión. “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:7.Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
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