La norma de la piedad es tan baja entre los que profesan ser cristianos, en general, que los que desean seguir a Cristo con sinceridad, hallan esto más difícil y trabajoso de lo que de otro modo sería. La influencia de los que profesan ser cristianos pero manifiestan un espíritu mundanal, perjudica a los jóvenes. Los más de los que profesan ser cristianos han suprimido la línea de demarcación entre los cristianos y el mundo; y aunque profesan vivir por Cristo, están viviendo para el mundo. Su fe ejerce poca influencia refrenadora sobre sus placeres; mientras que profesan ser hijos de la luz andan en obscuridad y son hijos de la noche y de las tinieblas.
Los que andan en tinieblas no pueden amar a Dios ni desear sinceramente glorificarle. No son iluminados para discernir la excelencia de las cosas celestiales, y por lo tanto no pueden amarla de veras. Profesan ser cristianos porque ello es considerado honorable, y no tienen que llevar cruz alguna. Sus motivos son a menudo egoístas. Las tales personas, que profesan ser cristianas, pueden entrar en un salón de baile y participar de todas las diversiones que éste proporciona. Otras no pueden ir tan lejos, pero asisten a fiestas, salidas campestres, exposiciones y otras diversiones. Y el ojo más avizor no lograría discernir en los tales cristianos profesos una sola señal de cristianismo. Uno no podría ver en su aspecto diferencia alguna entre ellos y el mayor incrédulo. El cristiano profeso, el disoluto, el que se burla abiertamente de la religión, y el que es francamente profano, todos se mezclan como un solo cuerpo, y Dios los considera uno en espíritu y práctica. Una profesión del cristianismo, sin la fe y las obras correspondientes, no servirá de nada. Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial el tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe. Los que obedecen los diez mandamientos consideran el estado del mundo y las cosas religiosas desde un punto de vista completamente diferente del que tienen los que profesan ser cristianos, pero son amantes de los placeres, rehuyen la cruz y viven violando el cuarto mandamiento.Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
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