¡Oh, si pudiese disponer de un lenguaje suficientemente vigoroso para hacer la impresión que quisiera causar en mis colaboradores en el Evangelio! Hermanos míos, estáis manejando las palabras de vida; estáis tratando con mentes que son capaces del más alto desarrollo si se las dirige en el debido cauce. En los discursos que se presentan hay demasiada exhibición del yo. El Cristo crucificado, el Cristo que ascendió a los cielos, el Cristo que va a volver, debe enternecer, alegrar y llenar la mente del ministro del Evangelio de tal manera que presente estas verdades a la gente con amor y fervor profundo. El ministro se perderá entonces de vista y Jesús será magnificado. La gente quedará impresionada con estos temas absorbentes, y hablará de ellos y los alabará en vez de alabar al ministro, el mero instrumento. Si la gente, mientras alaba al predicador, tiene poco interés en la Palabra, éste puede saber que la verdad no está santificando su propia alma. No habla a sus oyentes de manera que honre a Cristo y magnifique su amor.
Dijo Cristo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:16. Dejad resplandecer vuestra luz de tal manera que la gloria sea para Dios en lugar de ser para vosotros mismos. Si se os dirigen alabanzas, bien podéis temblar y avergonzaros, porque se ha frustrado el gran propósito; no se ensalza a Dios sino al siervo. Así brille vuestra luz; tened cuidado, ministros de Cristo de qué manera brilla vuestra luz. Si refulge hacia el cielo revelando la excelencia de Cristo, brilla correctamente. Si se vuelve hacia vosotros, si os exhibís a vosotros mismos, e inducís a la gente a miraros, sería mejor que os callaseis, porque vuestra luz brilla falsamente. Ministros de Cristo, podéis estar relacionados con Dios si veláis y oráis. Sean vuestras palabras sazonadas con sal; rijan vuestra conducta la cortesía cristiana y la verdadera elevación. Si la paz de Dios reina en el corazón, su poder no sólo fortalecerá, sino que enternecerá vuestro corazón y seréis representantes vivos de Cristo. El pueblo que profesa la verdad está apartándose de Dios. Jesús va a venir pronto, y dicho pueblo no está listo. El mismo ministro debe alcanzar una norma más alta, una fe señalada con mayor firmeza, una experiencia viva, no árida y vulgar, como la de los que profesan nominalmente la religión. La Palabra de Dios os presenta un blanco muy alto. ¿Queréis, por ayuno y oración, alcanzar la plenitud y solidez del carácter cristiano? Debéis trazar sendas rectas para vuestros pies, no sea que los cojos se aparten del camino. Una relación estrecha con Dios os proporcionará en vuestras labores un poder vital que despierta confianza y convence de pecado al pecador, induciéndolo a clamar: “¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?” Hechos 16:30. La comisión dada por Cristo a sus discípulos, precisamente antes de su ascensión al cielo, era: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:19, 20. La comisión alcanza a aquellos que crean en su Palabra por medio de sus discípulos. Y todos los que son llamados por Dios a ocupar el puesto de embajadores suyos deben recibir las lecciones de piedad práctica que dió Cristo en su Palabra, y enseñarlas a la gente. Cristo abrió las Escrituras a sus discípulos, empezando por Moisés y los profetas, y los instruyó en todas las cosas relativas a él mismo, y también les explicó las profecías. En su predicación, los apóstoles se remontaron hasta el día de Adán, y llevaron a sus oyentes a través de la historia profética y, terminando con Cristo y Cristo crucificado, invitaron a los pecadores a apartarse de sus pecados y volverse a Dios. Los representantes de Cristo en nuestra época deben seguir su ejemplo, y en todo discurso deben ensalzar a Cristo como el Ser exaltado, como el que lo es todo en todos.Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda forma de mal. 1 Tesalonicenses 5: 21-22_ Espacio de análisis de los acontecimientos actuales relacionados con la profecía bíblica
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