miércoles, 29 de mayo de 2024

Un motivo de esperanza


El hecho de que somos llamados a soportar pruebas demuestra que el Señor Jesús ve en nosotros algo muy precioso, que desea desarrollar. Si no viese en nosotros algo que puede glorificar su nombre, no dedicaría tiempo a refinarnos. No nos esmeramos en podar zarzas. Cristo no arroja a su horno piedras sin valor. Lo que él purifica es mineral valioso.

El herrero pone el hierro y el acero en el fuego para saber qué clase de metal es. El Señor permite que sus escogidos sean puestos en el horno de la aflicción, a fin de ver cuál es su temple, y si podrá moldearlos para su obra.

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Recordemos que la oración es la fuente de nuestra fuerza. Un obrero no puede tener éxito mientras repite apresuradamente sus oraciones, para precipitarse luego a atender algo que teme puede quedar descuidado u olvidado. Dedica solamente unos pocos pensamientos apresurados a Dios; no toma tiempo para meditar, orar y aguardar del Señor una renovación de la fuerza física y espiritual. Pronto se cansa. No siente la influencia elevadora e inspiradora del Espíritu de Dios. No queda vigorizado por una vida nueva. Su cuerpo y su cerebro cansados no son aquietados por el contacto personal con Cristo.

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera a Jehová.” “Bueno es esperar callando en la salud de Jehová.” Salmos 27:14; Lamentaciones 3:26.

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Si cometéis un error, trocad vuestra derrota en victoria. Si se las aprende bien, las lecciones que Dios envía imparten ayuda oportuna. Poned vuestra confianza en Dios. Orad mucho y creed. Si confiáis, esperáis, creéis y os aferráis de la mano del Poder Infinito, seréis más que vencedores.

Los verdaderos obreros andan y trabajan por la fe. A veces se cansan de observar el lento progreso de la obra, cuando la batalla ruge entre las potestades del bien y del mal. Pero si se niegan a aceptar el fracaso o a desalentarse, verán disiparse las nubes y cumplirse la promesa de la liberación. A través de la neblina con que Satanás los ha rodeado, verán resplandecer los brillantes rayos del Sol de justicia. Obrad con fe, y confiad los resultados a Dios. Orad con fe, y el misterio de su providencia dará su respuesta. Tal vez parezca, a veces, que no podéis tener éxito. Pero trabajad y creed, poniendo en vuestros esfuerzos fe, esperanza y valor. Después de hacer lo que podáis, esperad en el Señor, declarando su fidelidad, y él cumplirá su palabra. Aguardad, no con ansiedad inquieta, sino con fe indómita y confianza inconmovible.

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